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Los Espíritus en la práctica mágica. Los Difuntos.

Actualizado: 16 nov

Siguiendo con la temática de los Espíritus, toca hablar, especialmente en el mes en que nos encontramos, de lxs Difuntxs.


En los dos posts anteriores he hablado de los Espíritus del Territorio y de los Espíritus del Hogar y lo he hecho en ese orden, no por casualidad si no porque considero que es así, en ese orden como podemos comenzar a relacionarnos con las distintas espiritualidades que nos acompañan de una forma saludable y realmente sencilla para nosotrxs.


Ya he comentado la peculiar agudización de nuestros sentidos cuando comenzamos a prestar atención a otras cosas, más sutiles e imprecisas que lo que solemos percibir con los cinco sentidos físicos.


Tras comenzar a relacionarnos con los Espíritus del Territorio o del Hogar o con ambos, esa agudización se siente cada vez más claramente.


Cada persona puede experimentar esa especial sensibilidad de formas muy diferentes: algunas personas serán capaces de "ver", otras podrán "oír", "oler", etc.




Las palabras entrecomilladas las escribo así porque realmente no se ve como cuando ves a una persona, un animal o un mueble; no se oye ni se escucha igual que cuando mantienes una conversación normal, ni los olores traen asociado ningún recuerdo propio.


Por eso hablo de agudizar los sentidos físicos: porque lo que se percibe a través de ellos no es exactamente lo que estamos acostumbradxs a percibir.


No sé cómo expresarlo en palabras. Si lo has sentido o lo sientes, ya sabes de qué te hablo. Si no lo haces, imagina algo parecido a la normalidad pero que no lo es.


En cualquier caso, cuando ya has afinado un poco más tu percepción, es más que probable que comiences a sentir que tu casa o tu negocio está repleto de "gente".


No creas que sentir a los Espíritus ha de ser una experiencia negativa. Es sólo algo a lo que tienes que acostumbrarte.

En este post no voy a hablar de lxs Ancestrxs, sino de lxs Difuntxs, es decir, de fallecidxs que no pertenecen ni a nuestro linaje ni a la familia elegida (aquella que no es de sangre) ni al Territorio en el que desarrollamos nuestra práctica.


En la categoría de Difuntxs entra cualquier persona fallecida cuya alma se encuentre en este plano, haya cruzado o no el Velo.


Que esto no te extrañe, puesto que una persona fallecida puede haber cruzado al lugar que le corresponde tras su muerte y, por diferentes motivos, necesitar regresar al plano terrenal, normalmente de forma puntual.


No voy a entrar aquí a definir los distintos planos espirituales ni los tipos de Espíritus que podemos encontrar, si te interesa el tema, el curso Conectando con los Espíritus te vendrá de perlas.


Volviendo al asunto de lxs Difuntxs, una vez nos damos cuenta, de la forma que sea, de que en nuestro espacio o en cualquier lugar que visitamos hay "alguien" que no ha sido invitadx ¿qué podemos / debemos hacer?


Antes de nada ¿tenemos la obligación de hacer algo?


Aclararte que obligación en el mundo de la Brujería, no hay ninguna, más allá de los compromisos que hayas creado con las espiritualidades con las que te relacionas.


El hecho de que seas capaz de sentir a los Espíritus no te obliga a nada, pero has de tener en cuenta que, si tienes esa capacidad, es por y para algo.


Es fundamental aclarar algo que me parece básico y que, sorprendentemente, poca gente da por sentado: los Espíritus en general y lxs Difuntxs en particular, no tienen intenciones ni negativas, ni malignas ni perjudiciales para las personas que habitan o transitan el lugar en donde aparecen, ya lo he comentado en un post anterior y lo haré hasta que te aburras porque es súper importante tener esto en cuenta y no acercarnos con miedo ni dejarnos arrastrar por él cuando percibimos la presencia de un Espíritu.


Ya lo vimos en el post Los Espíritus del Hogar: la inmensa mayoría de las espiritualidades con los que te vas a cruzar necesitan ayuda. Tu ayuda, puesto que tú puedes verlos, escucharlos o sentirlos de la forma que sea.


Ten claro que ayudar, no sólo a un Espíritu, a cualquiera que lo necesite, es un acto de generosidad.

Los Espíritus del Hogar suelen estar asociados o anclados a un espacio que no necesariamente tiene que seguir existiendo tal cual era, puede haberse construido sobre el terreno o el edificio en cuestión puede haber sido demolido, pero se trata de un lugar que para ellxs tiene significado y por eso permanecen atados a él.


Cuando hablo de Difuntxs en general, lo hago de esas almas que no “pertenecen” o no están ligadas por su propio deseo a un lugar en concreto, que pueden vagar de un lado a otro sin un rumbo fijo y que, normalmente, no son capaces por sí solas de cruzar el Velo.


Es muy habitual que este tipo de almas hayan fallecido de forma repentina, bien en un accidente, bien en una guerra, bien de alguna otra forma violenta.


Pueden permanecer durante un tiempo indefinido ancladas al terreno en el que perdieron la vida (una carretera, un campo, etc.) o pueden moverse por la zona de influencia. Si algún espacio que conocieron en vida se encuentra cerca, con el paso de los años es muy probable que esas almas acaben retornando a ese lugar conocido.


En cualquier caso, vuelvo a repetir que su intención no es, ni de lejos, hacer daño a nadie.


Voy a hablarte de un caso que he experimentado en primera persona, que quizás te ayude a comprender lo que puedes hacer si te encuentras con el Espíritu de un Difunto.


Ya sabes que me denomino Bruja de Ciudad porque mi práctica la desarrollo en Madrid.


Pues bien, hace unos años estaba buscando un nuevo Territorio con el que conectar y en el que trabajar y me dirigí, como siempre, a los parques de mi ciudad.


Si me conoces o me sigues en las redes, sabrás que soy una enamorada del Parque del Oeste y que ya he utilizado distintas de sus zonas para hacer rituales, ceremonias y demás a lo largo de los años.


Mi sistema para encontrar un Territorio es extremadamente simple: caminar con los sentidos bien abiertos hasta dar con un espacio que me haga necesitar parar.


Eso sucedió en un lugar determinado, una pradera casi al final del Parque.


Fue poner un pie sobre la hierba y sentir inmediatamente una densidad que me oscurecía la vista. Caminé un poco más, adentrándome en la pradera y cada vez veía menos.


Llegué a lo que creí que era el centro de ese espacio y me senté.


La densidad se volvió oscuridad total y comencé a sentir una rabia y una tristeza infinitas, que, literalmente, me aplastaron contra el suelo.


Tuve que tumbarme y comencé a llorar como si no hubiera un mañana, lágrimas que me salían de las entrañas, que me llenaban de una rabia que no sabía de dónde salía, que me daba ganas de gritar, de patalear, de dar puñetazos.


Comprendí que todo lo que estaba experimentando no era mío sino del lugar en el que me encontraba.


Permanecí un rato, no sé cuánto tiempo, tumbada, esperando que se me pasaran esas emociones, respirando y sintiendo la tierra debajo de mí.


Cuando la rabia y la tristeza se desvanecieron, me levanté, me senté al pie de un árbol y comencé a permitirme sentir todo lo que acababa de experimentar desde la perspectiva del otro, es decir, como la espectadora que era y no como parte interesada en el asunto.


Respiré profundo, pidiendo a mis guardianes que me acompañaran en el viaje y que me mantuvieran apartada de todas esas emociones tan intensas y dolorosas que no eran mías.


Sabía que algo podía hacer, pero las emociones eran tan abrumadoras que sentí cierto miedo. Valoré si podía ocuparme de aquello en ese momento y seguí.


Tener miedo es perfectamente normal, si sientes que no puedes superarlo, es mejor que no hagas nada. Pide la ayuda de tus Guías y Guardianes y para cuando lo necesites.

Entré en un estado alterado de conciencia y empecé a profundizar en esa pena hasta llegar tan al origen como pudiera y se me dejara.


Llevó un tiempo, no sabría decirte cuánto, pero llegué a un punto en el que me di cuenta de que la tristeza no era de una sola persona, sino de varias. De muchas, de hecho.


Sentí gente, hombres más concretamente, que vagaban tremendamente enfadados, dando tumbos, como si estuvieran contenidos en una campana de cristal con muros invisibles para ellos y para mí.


Lentamente, empecé a “verlos”, a distinguir más o menos a cada uno de ellos. La mayoría eran bastante jóvenes, vestían algún tipo de uniforme y todos estaban ensangrentados, mugrientos.


Algunos parecían estar mutilados y otros permanecían en el suelo, tumbados o sentados, incapaces de levantarse.


No necesitaba mucho más.



Trincheras en la ciudad universitaria.


Cuando salí del trance, me puse a investigar para darle contexto a lo que había experimentado y descubrí que la zona en la que me encontraba había sido frente de batalla durante la Guerra Civil, empezando la luchas en esa zona en el otoño del 36 y manteniendo las líneas y las batallas hasta la entrega de Madrid al bando franquista.


Todo encajaba: los Difuntos que había sentido eran los soldados de ambos bandos muertos en la guerra.


¿Cómo no estar tristes? ¿Cómo no estar iracundos?


A partir de ahí, comencé un largo Trabajo para ayudar en la medida de mis capacidades a todos aquellos Espíritus.


Algunos caminaron fácilmente hacia el lugar que les correspondía, otros tardaron más en aceptar la situación y algunos especialmente cabezotas siguen por allí y aparecen de vez en cuando. Hago lo que puedo para que crucen y disfruten del descanso que merecen, pero no puedo obligarles.


Ninguno tenía ni tiene malas intenciones, ninguno quería hacer daño y, sin embargo, las sensaciones al pisar aquel lugar eran densas, oscuras y amenazantes.


¿Deberíamos considerar a estos Espíritus como del Territorio?


Podríamos pensar que sí por el fortísimo vínculo que los ha mantenido atados a aquel lugar durante tanto tiempo, pero…los Espíritus del Territorio, normalmente, son entidades que han elegido permanecer en un lugar determinado para ayudar, sostener, alimentar, etc. ese espacio a lo largo del tiempo.


Estas almas no tuvieron la oportunidad de elegir nada.


No tuvieron elección y nadie se ocupó nunca por ellos.


Murieron de una forma cruenta (hubo bombardeos, minas, etc.), no recibieron atenciones, no fueron enterrados, esperaron y esperaron hasta que dejaron de recordar quienes eran y qué hacían allí y se quedaron sólo con la rabia, la tristeza y el dolor, ligados a un terreno por su propia sangre derramada.


No se me ocurre ejemplo más gráfico de lo que un Alma puede experimentar cuando está perdida.


Si alguna vez sientes el alma de un difunto y experimentas miedo, ira, tristeza o cualquier otra emoción de las menos agradables, respira profundamente y tómate un tiempo para averiguar qué le pasa, qué necesita, de qué forma puedes ayudar.


Si nosotras que podemos sentirlos, no lo hacemos, no les queda nadie más.