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La Herida de la Bruja

Revisemos un concepto medianamente novedoso que encierra una experiencia mil veces compartida: la Herida de la Bruja.


Para ir poniéndote en contexto, recordar someramente los siglos en los que a las Brujas se nos asesinaba por 5.000 cosas, casi ninguna cierta y todas exageradas.


La caza de brujas se dio desde finales del siglo XIV hasta bien entrado el siglo XVIII y tuvo su punto álgido, en Europa al menos, con la publicación del Malleus Maleficarum, el Martillo de las Brujas, un "manual del inquisidor" que definía punto por punto las características físicas y sociales de una Bruja, ya fuera del sexo masculino o del femenino.


Esta joya de la literatura está considerado el tratado más importante relativo a la Brujería y su persecución. Se publicó por vez primera en 1472, y en sus más de 600 páginas, describe punto por punto, cómo identificar, cómo atrapar y cómo juzgar a cualquier persona acusada de practicar la Brujería.


Fue el libro de referencia dentro de la Inquisición y fue escrito por dos monjes dominicos, Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, que no sólo eran misóginos y machistas, sino que poseían una imaginación fértil y descontrolada.


Dejando estos datos aparte y volviendo a la Herida de la Bruja, el asunto es que las Brujas, a lo largo de todos esos siglos de persecución, aprendimos.


Aprendimos que nos temían y nos envidiaban, casi a partes iguales.


Por lo que podíamos hacer y, sobre todo, por lo que los demás creían que podíamos hacer.


El inconsciente colectivo es terreno fértil para los disparates, tan pronto salta una chispa, prende la hoguera.


En el caso de la caza de brujas, el Malleus Maleficarum fue la chispa y la hoguera, desencadenando por toda Europa una locura colectiva mediante la cual toda hija de vecina podía ser acusada de bruja sin más pruebas que la palabra de cualquiera.


De eso aprendimos.


De protegernos ante los ojos envidiosos, ante las lenguas delatoras, ante las acusaciones falsas.


De igual forma que la figura de la Bruja como concubina de Satán quedó arraigada en la sociedad a lo largo de los siglos, en la memoria de las auténticas Brujas se almacenaron las trampas y los camuflajes imprescindibles para sobrevivir.



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Juicio de Brujas de George Jacobs - Thomkins H. Matteson

En tanto en cuanto el concepto de Bruja se mantuvo vivo y sostuvo las connotaciones negativas que ya conocemos, la Bruja y la Brujería permanecieron ocultas, sólo perceptibles para el ojo entrenado, para quien conoce los símbolos y las palabras adecuadas.



La Bruja se escondió a plena vista, siendo percibida sólo por quienes saben qué buscar, gracias a la transmisión oral, a los linajes de Brujería hereditaria, a las abuelas, a las comadronas, a las sanadoras.

¿Cuáles son las consecuencias de este aprendizaje?


¿Cómo se reflejan en las mujeres del siglo XX y del XXI?


Pues bien, a través de ese Inconsciente Colectivo del que hablo, han llegado hasta nosotras dos aprendizajes diferentes.


Tenemos por un lado el del perseguidor, la persona que sigue sosteniendo la creencia de que las Brujas son única y exclusivamente seres maléficos que buscan alimentarse del alma de los niños inocentes, encandilar a los hombres para chuparles la energía y cualquier otra barbaridad que se te ocurra.


Por el otro, las Brujas nos hemos centrado durante muchos años en mantener bien activo el aprendizaje del camuflaje, el secretismo y el silencio.


Estamos en el primer cuarto del siglo XXI y existen sociedades en las que todavía se asesina a las Brujas: mientras en los años duros de la caza de brujas europea se cree que se llegaron a condenar a entre 40.000 y 60.000 personas, mayoritariamente mujeres, en Tanzania, en los años de 1960 al 2000, alrededor de 40.000 personas fueron masacradas, acusadas de presunta Brujería.


Esto demuestra que mantenernos a cubierto no es ninguna tontería, obviamente en zonas y situaciones sociales que no son las que encontramos en el "primer mundo", pero el peligro sigue existiendo.


Esta alarma no hace otra cosa que alimentar la herida causada por el menosprecio, el miedo, la envidia, los celos, etc. que convierte a la Bruja en la enemiga.


Es esa necesidad de esconderme, de protegerme y callar lo que siento, lo que veo, lo que escucho y experimento, lo que crea la Herida de la Bruja.


Si, además, se da la circunstancia de que he crecido en un ambiente en el que los trapos sucios se limpian en casa, en el que hay que disimular las emociones, en el que hay que ser fuerte, en el que los amigos imaginarios son graciosos hasta que te pasas de edad, probablemente mi Herida sea del tamaño del cráter de un volcán.


Así, cuando crezco, me ocupo expresamente de que esas capacidades que me acompañan de nacimiento permanezcan no sólo escondidas, sino enterradas en lo más profundo de mi inconsciente.


Es la necesidad de sobrevivir, de mantenernos cuerdas, de no ser diferentes ni llamar la atención, la que hace más y más profunda la Herida de la Bruja.

¿Qué sucede con el paso del tiempo?


¿Cómo me afecta tener todo eso enterrado en lo más profundo de mi Ser?


En general, aquello que escondemos, a largo plazo no nos hace bien.


Si, además, lo que estoy escondiendo es una parte fundamental de quien soy y siento constantemente la urgencia de expresarlo y el miedo a hacerlo y que me machaquen, lo que experimento es un choque entre lo que deseo y lo que temo.


Es en este choque permanente en donde las emociones se callan, la Sabiduría se soterra, la Intuición se silencia, es así como la Herida de la Bruja se perpetúa y se hace más y más profunda.


El miedo se convierte en tu compañero permanente, en muchas ocasiones sin tener muy claro a qué le tengo tanto miedo, pero llegando a dominar mi vida, impidiéndome relacionarme cómodamente con los demás, convirtiéndome en una persona solitaria a quien le es más fácil no conectar con nadie que tener que andar explicando según qué cosas.


Este miedo fomenta la necesidad de mantenernos escondidas, al tiempo que alimenta la Herida de nuestro inconsciente, creando un círculo vicioso perfecto y generalmente insostenible en el tiempo.


Todo esto es la Herida de la Bruja.


Una Herida que no sólo no cierra, sino que precisa de mantenimiento constante, no vaya a ser que se me escape algo y piensen que estoy loca, o se rían de mi, o me dejen de lado.


La Bruja herida invierte mucho de su tiempo y su energía en alimentar su Herida en lugar de sanarla.



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Muerta o culpable, el juicio del agua a una presunta Bruja.

Alimentamos la Herida cuando damos por válido todo lo que nos han contado negativo sobre nosotras y nuestras capacidades: lo que ves no existe; lo que sueñas no es real; lo que sabes te lo inventas; mejor te callas que van a pensar que estás loca, y cientos de "flores" del mismo estilo.


De esta forma la Bruja se convierte en una persona temerosa, resentida, frustrada, con un autoconcepto lamentable, con una autoestima terrible.


Curiosamente, entre los 25 y los 40 años, parece que seguir manteniendo bajo tierra todo lo que una Es se convierte en insostenible.


Los sueños vuelven, vívidos como nunca; las premoniciones saltan a la primera de cambio; las sensaciones físicas se acentúan; pareciera que todo lo enterrado pugna por salir a la superficie en modo volcánico.


Aquí es cuando muchas de vosotras comenzáis a plantearos otras alternativas, bien distintas de los consejos o las órdenes que os dieron de niñas y adolescentes.


La Bruja que hay en cada una de nosotras se rebela y comienza a reclamar lo que le corresponde, sea esto lo que sea.

Las capacidades que te acompañan desde siempre se acentúan y tú no estás preparada para gestionarlas, no sabes qué son, no sabes qué hacer con eso.


La Herida duele de nuevo porque todo lo que estás experimentando conecta, rápido cual rayo, con todo lo que te dijeron que no debías hacer y el Kaos aparece.


Este Kaos puede sentirse de muchas formas: malestares físicos, incapacidad para dormir o descansar cuando lo haces; premoniciones , visiones repentinas, sueños lúcidos y recurrentes; sensibilidad híper desarrollada a olores, sonidos, energías; videncia y mediumnidad desatadas, etc.


Cuando este momento llega, la mejor solución, desde mi experiencia personal y como mentora espiritual, es abrirse a la experiencia y dejarte Ser quien realmente eres.


Es un trabajo duro, complejo, doloroso incluso.


Es quitar capas y capas de creencias que te han puesto y te has puesto encima durante años.


Es descubrir que hay mucho más allá y mucho en tu interior.


Es aprender a relacionarte contigo misma de otra forma.


Es abrirte a todo lo bello que eres y te rodea.


Esta apertura puede llagar de muy distintas formas, no hay una correcta ni mejor que las demás.


Habrá quien prefiera acudir a terapia y tendrá la suerte de encontrar un/a terapeuta que no le mire raro cuando le cuente esto o aquello.


Algunas se centrarán en el control y trabajarán desde la meditación.


Otras preferirán profundizar y aprender antes que controlar, descubrir la Maravilla que le mundo nos ofrece y comenzar a relacionarse con lo que Es dentro y lo que Es fuera desde la Bruja que sienten que son.



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Circe, la primera Hechicera - Wright Barker


Que el primer trabajo que hay que hacer es el de mirar dentro y afrontar la Sombra.


Descubrir y descubrirte es uno de los placeres de la Vida.


Recuperarte, recuperar tu poder (y no hablo de empoderamiento), sea el que sea y aprender a ejercerlo.


Entender lo que sucede dentro y cómo se refleja fuera.


Saber que formas parte de Todo y que Todo forma parte de ti.


Saberlo y ser capaz de experimentarlo.


Ser la Bruja que eres y siempre has sido.


Y, sobre todo, poder disfrutar del Viaje, sanando la Herida.


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