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La Época Oscura

Los antiguos pobladores de Europa dividían el año lunar en dos épocas: la época luminosa y la época oscura.


Gerald Gardner y sus colaboradores, al reinventar la Rueda del Año, retomaron las festividades anuales de aquellos antepasados y las mezclaron convenientemente para lanzar al mundo las 8 festividades anuales que toda buena wiccana debe conocer.


De aquellos polvos, estos lodos, el hecho es que a día de hoy, muchas de nosotras aprovechamos la inventiva del señor Gardner y compañía para conectar con más facilidad con los ciclos de la Tierra.





Si quieres entender un poco más sobre cómo nos afectan, te afectan, los ciclos lunares y terrestres, puedes echarle un vistazo a este vídeo https://youtu.be/38QTLsEWTs0 en el que te hablo largo y tendido sobre como puedes empezar a observar y conectar con tus ciclos y de ahí hacia fuera.


Volviendo al tema del que quiero hablar, que me he ido un poco por los cerros de Úbeda, me había quedado en la época luminosa y la época oscura.


Sólo para que te situes en el tiempo, la primera va desde el 1 de mayo (Noche de Walpurgis / Beltane) hasta el 31 de octubre (Samhain), la segunda, justo lo contrario: desde Samhain hasta Beltane.


Esto significa que nos encontramos inmersas de lleno en la época oscura, de hecho, tan, tan de lleno que Yule, el próximo 21 de diciembre, nos trae la noche más larga del año, esa en la que las horas de oscuridad dominan el día.


Personalmente, son estos los meses del año que más me gustan, si no fuera por el frío.


Comienzo con el otoño, observando cómo la Naturaleza se va despojando, lentamente, de todo lo que será un lastre en los meses venideros. Cuando llegamos a Samhain, ya llevo dos lunas trabajando con la Sombra. Y disfrutando.


Conectar con lo que está sucediendo fuera me permite comprender mucho mejor lo que siento que sucede dentro.


Siendo como soy una persona tímida, rodearme de oscuridad es estar en mi salsa, sentirme en casa, estar a mi bola.


No sólo eso: los tempos bajan. Parece que las revoluciones del mundo se van ralentizando, especialmente en los inicios del otoño, allá por octubre.


Cuesta mucho entrar en ese estado de ánimo más relajado. Venimos de darlo todo durante el verano, queremos seguir tirando de terracitas, de salir, de las amigas.


Pero la Sombra no atiende a razones. Llega su momento y aprovecha cada segundo.


Algunas intentáis desesperadamente mantener las prisas, pero el cambio de hora ya os remata.


No queda otra que aceptar que la noche ya llegó.


La Época Oscura toma el mando, la Sombra se extiende por todas partes, exigiendo el diezmo que le toca.


Recogimiento. Silencio. Reposo. Calma. Lentitud.


Eso demanda la Sombra.


Pero, ¡oh, casualidad! el mundo no le hace ni puñetero caso, nos sigue pidiendo madrugar, recoger a las niñas del cole, llevarles a extraescolares, darles la merienda, hacer los deberes con ellas, tener reuniones a las 8 de la mañana, ir a la compra los domingos...


Mantener el ritmo enloquecido y artificial que nos imponen día tras día, año tras año.


El principio de realidad no perdona, aunque mis biorritmos echen humo y un agujero en mi pecho se trague todos los esfuerzos infructuosos que hago por mantenerme al día.


La Época Oscura exige su diezmo, ya te lo he dicho.


Pensar en la oscuridad parece que impone. Al fin y al cabo es ahí donde se esconde lo "malo" ¿no?

Ese diezmo no es otro que escuchar. Que observar. Que volver a ser el animal que fuiste. Ese que vive los tiempos que le tocan, no los que le imponen.


El principio de realidad me da en todo lo alto, de nuevo.


No puedo ser animal si ya estoy más que domesticada, enjaulada, enlatada y puesta en el expositor.


Lo único que me queda es ese espacio en mi interior en el que yo decido.


Esos pocos minutos al día, esos ratitos robados a los deberes, al viaje en metro, al conducir en los atascos.


La Época Oscura exige su diezmo.


Pero no te pide nada imposible, al contrario que la sociedad enloquecida en la que vives, la Sombra comprende los imperativos a los que estás sometida.


Es flexible, es comprensiva, es compasiva.


Especialmente cuando comienzas a prestarle la atención que demanda. Cuando pagas tu diezmo.


Mientras que no lo haces y la ignoras, es cruel, hace daño, mete los dedos en tus heridas, retuerce, pellizca, corta, busca sangre, metafórica, sí, pero sangre al fin y al cabo.


Lo que ignoras no desaparece. Bien al contrario, se alimenta de inmundicias que recoge, implacable, cada vez que tragas. Se hace grande de a poquitos y va ocupando espacio, llenando huecos, goteando hiel, quemando piel y sentimientos.


La Época oscura exige su diezmo y ese diezmo puede salvarte.


El diezmo no es para la Sombra, es el precio que pagas cuando la observas.

Te salvas cuando destapas la mugre, cuando vacías, cuando limpias, cuando desaguas, cuando vomitas.


Ahora es cuando la Sombra se convierte en tu aliada, cuando se vuelve amable, comprensiva, compasiva: cuando le prestas la atención que ella merece y que tú necesitas.


De eso va la Época Oscura.


De bajar a los infiernos y encender las hogueras para quemar lo que no sirve, lo que limita, lo que da miedo, lo que lastra.


Propio o ajeno, pero que llevo a cuestas.


Lo que no dije. Lo que no hice. Lo que me hicieron. Lo que me dijeron. Los "si hubiera", los "podría", los "no" que quería que fueran "sí", los "sí" que quería que no fueran.


Los deseos callados, las heridas abierta, las cicatrices sobeteadas.


Todo eso podrás encontrar en tu Sombra, esa que la Época Oscura te pone a huevo revisar.


Cada Luna Llena hasta mayo es una oportunidad para poner luz allí.


Cada celebración de la Rueda es un momento de festejo ante lo que se va superando y lo que sabemos que está por venir.


La Luna de las Largas Noches, Yule, la Luna de las Blancas Noches, Imbolc, la Luna Avivadora, Ostara, la Luna de Tormenta, Walpurgis, cada paso nos lleva más hacia la Luz y luego nos traerá de vuelta a la Sombra.


El ciclo lunar y el terrestre se complementan, se entrelazan.


La Sombra se suaviza, dando paso, lentamente a la Luz. Y viceversa.


El invierno marca la noche más larga, el inicio de los días más fríos y, al mismo tiempo, el sol le araña minutos a la luna cada día.


Todo lo que va, vuelve. Todo lo que nace, muere. Todo lo que muere, renace. Todo cambia, aunque sea sutilmente.


La Época Oscura sólo te invita a observar, lo demás ya es asunto tuyo.